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Con mochilas y sacos dormir partió un grupo de 40 alumnos, egresados y profesores de la Escuela de Trabajo Social pocos días después del terremoto del 27 de febrero pasado, como parte de un equipo multidisciplinario de la UC que viajó a la zona afectada. El destino eran las comunidades de Hualañé y Curepto, en la VII región, que sufrieron graves daños a causa del sismo. El objetivo: realizar un diagnóstico social que permitiera conocer las principales necesidades de la población.
El grupo se dividió en cuadrillas que encuestaron a buena parte de las 3.500 familias que viven en esta área, fundamentalmente rural. El catastro buscaba recaudar datos con respecto al grupo familiar, quiénes habitan en cada vivienda, si hay lactantes o personas enfermas, entre otros. Luego, si las personas cuentan con los elementos básicos tales como cocina, refrigerador, camas, etc. Junto con registrar los daños materiales y las ayudas recibidas, se preguntaba si contaban con redes a las que podían recurrir, tales como familia, amigos, Iglesia o instituciones.
Con toda esta información, se construyó un índice que permite determinar las personas que se encuentran en una situación de mayor urgencia y cuáles son las áreas que se deben priorizar. Según el catastro, la vivienda es, sin lugar a dudas, la principal carencia para esta población cuyas casas quedaron simplemente en el suelo.
"Fue impresionante estar ahí. Ver el sufrimiento de la gente, la inseguridad Muchas personas, especialmente de tercera edad, se preguntaban si vale la pena reconstruir sus casas, empezar de nuevo, seguir viviendo ", relata la presidenta del centro de estudiantes de Trabajo Social Rayen Cornejo, y agrega: "Fue como hacer un semestre entero de práctica".
A través del diagnóstico también se detectó la fuerte necesidad que sienten los habitantes de mantener la identidad de su pueblo, característico por sus casas de adobe, tradicionales del campo chileno. "Mucha gente nos decía que no quería que Curepto se convirtiera en un pueblo de mediaguas", cuenta Rayen. Esto tiene que ver con el fuerte sentido de identidad y pertenencia que sienten los cureptanos.
Como explica la directora de Trabajo Social Margarita Quezada, "perdieron todo, sus casas están en el suelo, pero el corazón de Curepto no está perdido. La gente quiere salir adelante. Hay una solidaridad que yo nunca antes había visto, todo el mundo se ayuda; cuando ocurrió el terremoto, los jóvenes partieron a buscar a los ancianos y las personas postradas, gracias a eso no murió nadie. Tienen un gran sentido de dignidad y esperanza en el futuro".
Como explica Quezada, el catastro no sólo registró el estado de emergencia, sino también las potencialidades de los habitantes, aspecto que será de gran ayuda a la hora de la reconstrucción. Es por esto que el diagnóstico es sólo el primer paso de esta Escuela, que busca continuar un proceso de ayuda en la zona a través de un plan de intervención a largo plazo, impulsando la participación de los estudiantes, profesores y equipos multidisciplinarios.